miércoles, 13 de abril de 2011

EDUARDO BERTI, RAMONERÍAS, TEXTOS DE CARTÓN 2011

¿Ramonerías?


Los textos que conforman este libro son un homenaje a Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) y ante todo a sus famosas greguerías, pequeñas revelaciones literarias (“burbujas”, dijo alguien) que según su autor eran el resultado de una mezcla de humor y metáfora poética.

De la Serna fue un escritor de lo breve. Publicó novelas hechas de fragmentos. Publicó libros de cuentos, como El doctor inverosímil, que no son sino una suma de textos breves en torno a un mismo personaje. Y escribió miles de greguerías como:

La ametralladora suena a máquina de escribir de la muerte.

La medialuna pone la noche entre paréntesis.

Los perros nos enseñan la lengua como si nos hubiesen tomado por el médico.

En el río pasan ahogados todos los espejos del mundo.

A cada disparo recula el cañón como asustado por lo que acaba de hacer.


Lo que hace Gómez de la Serna con sus greguerías es despojar al aforismo de todo afán didáctico o moralizante (afán que, por ejemplo, hallamos en los pensamientos de Pascal) para echar una mirada perpleja y singular sobre las cosas, algo que los formalistas rusos no habrían vacilado en denominar “extrañamiento”. No se trata de lo que algunos entienden por “mirada adánica” (la mirada virgen de un Adán que ve las cosas por primera vez), sino más bien de una óptica que va más allá de las percepciones cristalizadas y que encuentra sobre todo correspondencias o analogías asombrosas entre objetos que eran a priori independientes o entre un objeto y determinada actividad humana. De allí que muchas veces en las greguerías las cosas adquieran vida: el cañón está como asustado por lo que acaba de hacer.

Ramón, como se llamaba a sí mismo y como le decían los españoles al mismo tiempo que estaba Juan Ramón (Jiménez), se reivindicó como el inventor de la “greguería”, aunque es innegable que tuvo por lo menos dos claros antecedentes, el francés Jules Renard y el alemán George C. Lichtenberg, y que si uno se pone a indagar termina hallando “ramonismos” tanto en los haikus japoneses como incluso en las viejas cartas de Cyrano de Bergerac donde se lee, por citar un caso, que “la hierba es el pelo de la tierra”.

Tampoco le faltaron discípulos y compañeros de ruta: desde los “areolitos” de Carlos Edmundo de Ory (“El viento es Dios que pasa bailando”) hasta los “ambages” de César Fernández Moreno (“Las orejas ponen a la nariz entre paréntesis”), por citar apenas dos nombres.

Este libro aspira, con ambiciosa modestia, a ser parte de esa familia. Fue escrito lentamente, a lo largo de muchos años, y no parece terminar aquí porque estas “ramonerías” pertenecen a una serie mayor. Una selección semejante había sido ya publicada en Francia (“Les Petits Miroirs”, versión bilingüe de Meet Editions), pero esta es su primera edición argentina y me gusta que sea a través de Textos de Cartón, proyecto al que le deseo lo mejor en estos tiempos en que “ser de cartón” equivale cada vez menos a la noción de rigidez y cada vez más al sano dinamismo de lo reciclable.

Eduardo Berti, marzo de 2010


1
El barómetro es un termómetro con título de nobleza.


2

Los que no van al médico son impacientes.



3

La espuma es la cerveza emborrachada de sí misma.


4
Un sonámbulo: un paseador de sueños.


5
Los carozos creen en la reencarnación.


6

Las cabezas de los fósforos sí que tienen ideas fogosas.

7
Los garabatos que hacemos mientras hablamos por teléfono son la taquigrafía de lo que no decimos


8

Un molino es un reloj donde el tiempo pasa volando.


9

Los bizcos sólo miran a los ojos a quienes tienen entre ceja y ceja.

10
El moño es una corbata envuelta para regalo.



Autor: Eduardo Berti. Género: (i). Páginas 38. Primera edición: 50 ejemplares. Marzo 2011. Lo podés conseguir en La Conjura de los necios, Ayacucho 306 Frente a la Plaza de La Intendencia, Córdoba

jueves, 7 de abril de 2011

Libros Son

Sábado 9 y domingo 10 vamos a estar junto a Libros Son y muchas editoriales independientes de 16 hs a 23 hs vendiendo nuestras publicaciones. No faltes!

martes, 15 de marzo de 2011

MARIO SANTIAGO PAPASQUIARO, RESPIRACIÓN DEL LABERINTO, TEXTOS DE CARTÓN 2011


PICASSIANA

Salpican nieve como nunca las palomas
las jóvenes madres bailan chachachá con sus pequeños hijos
La luna besa ahora quemando las distancias
El tiempo perdido es 1 cerillo seco
Cual 1 dó agudo vuelan los cigarros
las vendedoras de castañas se vuelven locas
por los cipreses tiesos
Enero es el mes de los deseos bizarros
/ frontera & trampolín para suicidas necios /
El vino caliente me regresa al terremoto lento
de mis catarros & mis hernias infantiles
ese hospital sin ruedas : ese granizo seco
donde gemir sin poesía
debió haber sido 1 martirio bello
Por ahora / vivimos en la ciudad de los murmullos ebrios
Gitanos & vikingos vuelven a nacer bajo estos adoquines
de ácido
La historia es histeria
canto de piratas
diván siquiátrico sin piso
Capricornio estrangulado por 1 niño Géminis : 2 veces niño
A la treceava copa hasta el ano habla
el frío desaparece como si hubiera recordado algo
Voltaire desde su estatua
nos hace señales de pederasta cálido
Los maniquíes cogen con el polvo
los perros con su propia cola
bajo estos puentes donde reinventan El Inferno
los clochards
Al interior de la boca de 1 dama / que usa de sombrero
1 charola con 1 pescado frito



PRISIONERO DEL SUEÑO

Para Óscar Málaga

Enciendo el cráter de mi destino (alba ardiente)
mi mente se detiene en 1 baldosa que echa espuma
la voz del laberinto se desboca
/ de cuchilla a cuchilla /
sin alcanzar a besar el nudo de cristal que me aprisiona
Hoy es 1 piedra que no canta & 1 ola que resbala
Se desbaratan los trucos de mi alforja
mi sanguínea seguridad de kamikaze digno
El amor me ha conducido a la carroña
La lluvia está picapedreando mi carro de volteo
Entre mi uña & mi carne me evaporo
Alba ardiente sin ventura



De 1 hilo de muerte cuelga la respiración del laberinto
Cada latido / cada espasmo
Cada cartucho de sangre en la piel de la culebra
Aquí donde las líneas de la mano son opio medular
Martillo de plata sobre esta cascada de uvas
Sol rojo en los sobacos
((Herencia de mis reinas))
La desnudez esculpida
contagia de susurros los senderos
Ya en la cresta de la ola
Ya en la higuera prima hermana de la horca
1 concierto demente cada célula



MIENTRAS BEBO DE ESTE MI GUAJE
DE IMPULSOS ORFEBRES


Madrugada empinada/ de palomas & piedras
los jadeos de la luna entre tundas alcohólicas
Cristalino encendido
lascivia de onagro
tu silueta de incendio ha sellado mi vida
Soy carbón en tu falda
perro curtido en tu carnicería
Se derrumba el silencio
las luciérnagas bailan
1 espejo de sangre me martilla las venas
el garrote del sol ronca
el precipicio del sueño escupe marejadas de ecos
exagerando su fiebre mortal
Madrugada : qué vientos
ni tú ni yo nacimos verosímiles
Somos vagos / carros de volteo / aguaceros labrados
Mira ahora : te beso
Mañana me escapo
Que pisemos 1 clavo & 1 relámpago unísono
me ilumina / me baña
ilumina mi canto



Autor: Mario Santiago Papasquiaro. Género: Poesía. Páginas 34. Primera edición: 50 ejemplares. Febrero 2011.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Nota en diario La Capital, Rosario


Editoriales independientes, un movimiento para recrear la cultura

Por Gervasio Monchietti

Lejos de alarmarse ante los vaticinios de la era digital y las dificultades del libro-papel, el fenómeno de las editoriales independientes no sólo se mantiene en las principales ciudades de Argentina sino que se proyecta con nuevos sellos, un circuito propio de distribución en el que se destacan las ferias de libros independientes, y formas de reconocimiento que ya no dependen de las instancias convencionales. Textos de Cartón, Diatriba y Ese es otro que bien baila, entre otros, muestran así que es posible editar autores de poesía y narrativa, en muchos casos jóvenes e inéditos, y hacerlos circular entre lectores de distintas edades y saberes.

Textos de Cartón, una editorial de Córdoba, destaca por un catálogo de autores latinoamericanos (Juan Villoro, Mario Bellatín, Frank Báez) en ediciones que siguen la línea trazada por Eloísa Cartonera, en Buenos Aires. Diatriba se ha convertido en una pequeña joya de la provincia de Santa Fe: el equipo armado por el poeta Fernando Calero se propone editar —en principio— poesía de la tradición santafesina, y Ese es otro que bien baila, la más novel de las tres, es llevada adelante por jóvenes escritores de Paraná.

Ojos con postales

Una joven llega al Túnel 3 del Centro Cultural Parque de España, se detiene frente a un libro, abre sus ojos enormes, mira fijamente Postales, de Frank Báez. El vendedor-editor-poeta es Andrés Nieva.

—Lo estuve buscando en las librerías de Rosario —dice ella.

El vendedor-editor-poeta sonríe, sorprendido. La joven se lleva —feliz— su ejemplar del poeta dominicano que pasó por el Festival Internacional de Poesía de Rosario entre el 21 y 26 de septiembre.

Andrés Nieva es el responsable de Textos de Cartón, que en sus casi dos años de existencia ya editó a tres poetas dominicanos: Homero Pumarol, Juan Dicent y Frank Báez. Este último, en cuatro días del último Festival de Poesía, vendió 40 ejemplares de su libro Postales, publicado por Cara de Cuís Editora, que también es llevado adelante por Nieva. Una cifra nada desdeñable para un editor artesanal.

“Los tres en su estilo me parecen los escritores jóvenes que más me han sorprendido en los últimos años —dice Nieva—. Gracias al Festival de Poesía de Rosario tuve la fortuna de conocer personalmente primero a Homero (Pumarol) y este año a Frank (Báez). Son personas muy entrañables. Frank dice que soy un dominicano más”.

Textos de Cartón “surge por deseos de publicar escritores latinoamericanos cuyas obras me gustan y que no tenían dónde publicar sus textos en Argentina. La elección es de blogs que descubro o me recomiendan; o mediante textos que me envían a la casilla de mail. Los leo y si me gustan, pido permiso al autor y hacemos la edición”, explica el editor. Así, “la participación en el Festival de este año fue genial en todo sentido, en conocer gente, visitar viejos amigos y estar varios días en esta ciudad tan hermosa. La gran sorpresa y felicidad fue que Frank Báez con sus lecturas y su carisma, se convirtió en una especie de sensación del evento”.

En el catálogo de Textos de cartón también aparecen títulos de Samanta Schweblin, Mario Bellatín, Marcelo Cohen, Laura Crespi, y el propio Nieva, entre otros autores.

Como en casa

Acaba de terminar una mesa de lecturas en el Teatro Príncipe de Asturias, en el Centro Cultural Parque de España. La santafesina Cecilia Moscovich, entre emociones contenidas —y no tanto— es una de las más jóvenes poetas que lee durante ese día. Pocas horas después, en el sector de feria de editoriales se agota su libro La manguera, editado por Diatriba. Junto a ella, Analía Giordanino fue otra de las poetas del sello santafesino que estuvo presente, con su obra Nocturna.

Los orígenes de Diatriba nos llevan a Santo Tomé, a principios de 2006. Es entonces cuando Javier Guipponi y Fernando Callero se encuentran y empiezan a trabajar juntos. A principios de 2007 conocen al poeta Daniel Durand, que por ese tiempo comenzaba a desarrollar, junto a Matías Herr, la Colección Chapita. Con la información que Durand les aporta publican de manera autogestionada sus tres primeros títulos: Feria artesanal de la calavera, de Santiago Pontoni, una reedición de Ramufo di Bihorp, de Fernando Callero y Ostranenie, de Javier Guipponi. “Tres títulos de poesía diagramados, impresos y cosidos en casa, con una tirada de 50 ejemplares, distribuidos en librerías y espacios de arte de Santa Fe”, cuenta Fernando Callero.

En octubre de 2008 sucedió la presentación pública de la editorial en el Centro Cultural La Urdimbre, de Santa Fe, con el padrinazgo de Enrique Butti y Daniel Durand.

Una de las particularidades que presenta Diatriba es contar con la colaboración del Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del Litorial, que ofreció los talleres gráficos para la realización de las duplicaciones de interiores, corte de tapas y armado. Durante el año 2009 aparecieron El aire entre los dedos, de Gonzalo Castelo, y Nocturna, de Analía Giordanino. Mientras que durante 2010 salieron al ruedo La manguera, de Cecilia Moscovich, La yegua y el caballo no existen, de Paula Trama y la reedición de un tríptico autogestionado, Resiste, de DJ Buenmozo.

“Los últimos libros salieron ya con tapas rígidas impresas con serigrafía a dos colores y registro de ISBN —dice Callero—. El arte de tapa comenzó a estar a cargo de un artista visual de Santa Fe que valoramos mucho y que se llama Ponchi (Alfonso Insaurrualde), él le dio una imagen mucho más definida a la colección transformando los libros en piezas de arte. Asimismo, la maqueta de los interiores empezó a ser revisada y definida por Pamela Núñez que es una diseñadora muy grossa que enriqueció mucho la legibilidad de los textos. Todo espontáneamente, las cosas comienzan a orbitar y se genera una energía de cooperación impresionante que se nos escapa de las manos. Es como magia”.

En la elección de los autores trabajan Callero, Guipponi y Santiago Ponton. Este último “fue el primer autor joven publicado por el sello y al cabo vino a integrar el equipo de trabajo. Pontoni nos gustó porque maneja un registro simbolista, baudelaireano, pero muy contemporáneo, medio escatológico, más o menos la línea de Guipponi. Son chanchos con gracia”, dice Callero y agrega: “el simbolismo es una impronta fuerte en el Litoral, pero se ha venido mezclando con las jergas, en la línea de la poesía antilírica post objetivista”.

Sobre las dos poetas que particiaron del Festival de Poesía, Fernando Callero dice que “el libro de Analía (Giordanino) se fue armando con un trabajo de lectura y selección, ella tenía una parva de poemas y fuimos despejando para que su primer libro sea contundente, preciso, y creo que eso se logró. El libro de Cecilia Moscovich, así como vino fue a imprenta, porque ya había pasado por lecturas mías, de Durand y una mención especial en un concurso de Plebella. Ya estaba cocinado”.

Mates y $ 206

Julián Bejarano es otro de los poetas jóvenes que circuló por el Festival. El momento que proporciona el propio poeta-editor es: reunión de amigos con mate y bolas de fraile. Deciden hacer una editorial de poesía joven y mediante cálculos cuyos términos ignoramos, establecen que cada uno aportará al proyecto común doscientos seis pesos. Así de simple.

Manuel Podestá, C. Monti, Ariel Delgado y Julián Bejarano empezaron a dar vida a Ese es otro que bien baila. “Increíblemente en menos en dos meses más o menos, teníamos todos los títulos editados, más un blog y un facebook. Herramientas que nos ayudaron como para que la editorial se empiece a conocer, por lo menos en Paraná, de donde somos”, cuenta Bejarano.

Conscientes de ser una editorial de reciente aparición, decidieron publicarse a ellos mismos, a pesar de aclarar que no quieren hacer “autobombo”, sino más bien evitar “escrachar” a algún autor en una editorial que recién surge. Así, la única excepción hasta el momento es el libro Pillín de Román Sangoy, que no es miembro de la editorial.
Sin ajustarse a cuestiones territoriales, eligen publicar autores jóvenes. “Lo que nos importa son los textos, no editamos por amiguismo”, arriesga Bejarano. Y anuncia como próximas apariciones libros de Matias Herr (Buenos Aires) y Bruno Revello (Neuquén), entre otros.

“Las editoriales de Entre Ríos, independientes o no, siempre editaron gente de la provincia o que viva en ella o por la zona del litoral”, dice Bejarano, con una clara preocupación por no cerrar el panorama poético de esa prolífica provincia de poetas. “Casi no se les da oportunidad a los jóvenes de editar su primer libro, y eso queda en manos de las editoriales independientes, que a su vez son comandadas por sus propios autores”, destaca.

Hasta el momento, el catálogo de Ese es otro que bien baila cuenta con los títulos Valiant, de Manuel Podestá; Desplazamiento sonoro, de C. Monti; El último clásico, de Ariel Delgado; Pillín, de Román Sangoy y Humito, de Julián Bejarano. Cincuenta ejemplares de cada libro y, al igual que las dos anteriores, disfrutan el secreto orgullo de no cobrarle a sus autores: “con la venta de esos ejemplares bancamos los nuevos títulos, no le pedimos plata al autor y no tenemos ningún tipo de distribución, salvo la de andar con los libros en la mochila por festivales y eventos.”

En instancias distintas, con objetivos diferentes en su catálogo, pero con esa pequeña fe en el libro de papel que los mueve a seguir leyendo y editando, cada proyecto a su manera vino a ocupar un lugar necesario. Así lo describe Fernando Calero: “En Santa Fe no había editoriales independientes y la cola de autores frente al centro de publicaciones de la UNL daba pena, parecíamos inmigrantes pidiendo papeles frente a un despacho público. Pero ahora la cosa cambió”.

Para ver la nota desde el diario La Capital, Rosario hacer click acá

jueves, 30 de septiembre de 2010

JUAN VILLORO, FORWARD-KIOTO, TEXTOS DE CARTON 2010


Juan Villoro, México 1956.

Entre sus obras más representativas encontramos el libro de crónicas Tiempo transcurrido, SEP/CREA/FCE, 1986; de cuento, El mariscal de campo, La Máquina de Escribir, 1978; La noche navegable, Joaquín Mortiz, 1980; El cielo inferior, UAM-Iztapalapa, 1984; Albercas, Joaquín Mortiz, 1985 (otra edición de 1996); Palmeras de la brisa rápida, un viaje a Yucatán, Alianza, 1989 (otra edición de Alfaguara en 2000); La alcoba dormida, Caracas, Monte Ávila, 1992; Autopista sanguijuela, Alfaguara, 1998; La casa pierde, Alfaguara, 1999; de ensayo Los once de la tribu, Aguilar, 1995; Efectos personales, Era, 2000; de novela, El disparo de argón, Madrid, Alfaguara, 1991; Materia dispuesta, Alfaguara, 1997; de relatos infantiles, Las golosinas secretas, CIDCLI/Limusa, 1985; El profesor Zíper y la fabulosa guitarra eléctrica, Alfaguara/CNCA, 1992 Baterista numeroso, Alfaguara de Bolsillo, 1997; de traducción, Engaños, cuentos de Arthur Schnitzler, FCE, 1985; El general, de Graham Greene, Memorias de un antisemita de Gregor von Rezzori, Anagrama, 1987; Aforismos, de Georg Christoph Lichtenberg, FCE, 1989. Los Culpables, libro que alcanzó el premio de narrativa Antonin Artaud en el 2008 .


Forward-Kioto

“Japón es un país sin mal rollo”, dijo Naomi: “cuando la gente se harta, no te hace daño: prefiere suicidarse”.
Recordé la frase en el jardín de arena. Naomi la dijo poco antes de que nos instaláramos en Kioto. Su promesa se había cumplido. Un país sin aristas, donde la lentitud era una elección mística y la norma una celeridad sin ruidos.
El Pabellón de Plata estaba en restauración; aun así era recorrido por escolares de uniforme. Lo mejor en ese momento era la lluvia, una lluvia delgada que no agotaba su fuerza y parecía capaz de caer durante semanas.
Necesitaba alejarme de los exámenes que debía corregir y de mi absurdo vicio de ver la lucha libre por televisión, pero sobre todo necesitaba un espacio alterno para pensar en la fotografía enviada por Rodríguez Chico. Dos años sin saber de él y de pronto aparecía en mi correo electrónico sin otro mensaje que una foto y un título: Pescaditos.
Me sorprendió que mi antiguo socio regresara de ese modo, a través de unos peces tirados en el suelo que parecían formar otro animal; sus siluetas encajaban como un puzzle: cada pescado podía ser una escama de una criatura gigante, un pez con demasiados ojos.
Fui al refrigerador. Saqué una cerveza. Me hizo bien ponérmela en la frente. Pensé que, a fin de cuentas, el correo electrónico es una marea donde se cuela cualquier cosa. Cuando me di de alta, una veloz respuesta automática me ofreció mujeres rusas. El océano virtual es así. Nada más lógico que Rodríguez Chico enviara pescaditos.
En la tarde decidí entrar al Pabellón de Plata. La casualidad me había llevado a esa orilla de Kioto y me gusta ver la arena bajo la lluvia. El promontorio que representa al Monte Fuji resistía el agua, como si estuviera hecho de una sustancia más firme. Me protegí bajo el tejado del templo. A lo lejos, los árboles se sumían en los vapores que suelen traer las lloviznas de primavera. Un jardinero barría el agua hacia un desagüe de bambú. Un olor agrio, a suave podredumbre, subía del suelo.
Las figuras de arena no parecían amenazadas sino alejadas por la lluvia. Como el resto de los visitantes, me había quitado los zapatos. Una gota escurrió del techo y dio en mi pie. Vi la mancha helada en el calcetín. La expresión no es incorrecta: sólo al verla sentí frío. Hay cosas que entendemos por los ojos.


Autor: Juan Villoro. Género: Narrativa. Páginas 30. Primera edición: 50 ejemplares. Setiembre 2010.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA 2010

ESTA NOCHE MI VALIJA DE LIBROS Y YO VIAJAMOS A ROSARIO AL FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA 2010. DEL 23 AL 26 DE SEPTIEMBRE VENDEMOS NUESTROS LIBROS Y OFRECEMOS NUESTRA SIMPATÍA EN EL PARQUE ESPAÑA Y PROMETEMOS TOMAR CERVEZA Y LO ADICTIVOS PSYCHO-CANDY. DIRÁ PRESENTE EL EDITOR QUIEN ESCRIBE ESTO Y LOS ESCRITORES FRANK BAEZ Y CECILIA GALLI GUEVARA.

SAMANTA SCHWEBLIN, HACIA LA ALEGRE CIVILIZACIÓN, TEXTOS DE CARTÓN 2010


Samanta Schweblin
(Buenos Aires – 1978)

Es egresada de la carrera de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires. En 2001 obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes y el primer premio del Concurso Nacional Haroldo Conti con su primer libro “El núcleo del Disturbio” (Planeta, 2002). En el 2008 obtuvo el premio Casa de las Américas, por su libro de cuentos "Pájaros en la boca", y la beca FONCA de residencias para artistas del gobierno Mexicano. Muchos de sus cuentos han sido traducidos al alemán, al inglés, al italiano, al francés, al portugués, al sueco y al servio, para su
publicación en numerosas antologías, revistas y medios culturales.


El libro contiene los cuentos "Hacia la alegre civilización de la capital" y "La pesada valija de Benavides"

Hacia la alegre civilización de la capital

Ha perdido su pasaje y tras las rejas blancas de la boletería se le ha negado la compra de otro por falta de cambio. Desde un banco de la estación, mira el inmenso campo seco que se abre hacia los lados. Cruza las piernas y extiende las páginas del periódico para encontrar artículos que apuren el paso del tiempo. La noche cubre el cielo y a lo lejos, sobre la línea negra en la que se pierden los rieles de la estación, una luz amarilla anuncia próximo el último tren de la tarde. Gruner se incorpora. El diario cuelga de su mano como un arma que ya no tiene utilidad. Adivina en la ventanilla de la boletería una sonrisa que, oculta tras las rejas, está exclusivamente dirigida a él. Un perro flaco que antes dormía se incorpora atento. Gruner avanza hacia la ventanilla, confía en la hospitalidad de la gente de campo, en la camaradería masculina, en la buena voluntad que nace en los hombres que son bien encarados. Va a decir por favor, qué le cuesta, usted sabe que ya no hay tiempo de encontrar cambio. Y si el hombre se niega va a preguntar por otras opciones, usted sabe, comprar el boleto en el tren o, al llegar, pedirlo en la boletería de la terminal. Hágame un vale al menos, facilíteme un papel que indique que debo abonarlo después. Pero al llegar a la ventanilla, cuando las luces del tren prolongan las sombras y la bocina es fuerte y molesta, Gruner descubre que tras las rejas no hay nadie, sólo un banco alto y una mesa atiborrada de inscripciones sin sellar, futuros boletos hacia distintos destinos. Con el tren que entra a la estación a velocidad considerable, los ojos de Gruner encuentran, a un lado de las vías y en el campo, al hombre que aún sonríe y mediante señas indica al conductor que no debe detenerse, puesto que nadie ha comprado un boleto. Después, al alejarse el sonido de la máquina, el perro vuelve a echarse y una lámpara de la estación parpadea hasta apagarse por completo. El diario ahora enroscado vuelve a apoyarse en el regazo de Gruner sin que ninguna conclusión logre incorporarlo para ir en busca del miserable que le ha negado la civilización alegre de la Capital.


La pesada valija de Benavides

Regresa al cuarto con una valija. Resistente, forrada en cuero marrón, se apoya sobre sus cuatro ruedas y ofrece con elegancia su manija a la altura de las rodillas. Benavides no se arrepiente de sus acciones. Cree que las puñaladas sobre su mujer fueron justas, pero sabe que pocos comprenderán las razones. Por eso opta por el siguiente plan: evitar que la sangre chorree envolviendo el cuerpo en bolsas de residuos, abrir la valija junto a la cama y, con el trabajo que implica doblar el cuerpo de una mujer muerta tras veintinueve años de vida matrimonial, empujarlo hacia el piso para que caiga sobre la valija. Oprimir sin cariño, dentro de los espacios libres, la masa sobrante, hasta terminar de encastrar el cuerpo en la base de la valija. Más por prolijidad que por precaución, recoger las sábanas ensangrentadas y guardarlas en el lavarropas. Envuelta en cuero sobre cuatro ruedas ahora vencidas, el peso de la mujer no disminuye en absoluto, y aunque Benavides es pequeño debe agacharse un poco para alcanzar la manija, postura que no ayuda en gracia ni en practicidad, y poco colabora en la aceleración del trámite. Pero él, hombre organizado, en pocas horas está en la calle, en la noche, avanzando, pasos cortos y valija atrás, hacia la casa del Doctor Corrales.


Autor: Samanta Schweblin. Género: Narrativa. Páginas 44. Primera edición: 50 ejemplares. Setiembre 2010.

lunes, 6 de septiembre de 2010

FERIA DEL LIBRO CBA

FERIA DEL LIBRO CBA

2 AL 20 DE SEPTIEMBRE 2010


ESTAMOS EN LA FERIA DEL LIBRO CBA CON NUESTROS LIBROS Y LOS DE EDITORIALES INDEPENDIENTES DE 11 A 22 HS EN EL PATIO DEL CABILDO CON LIBROSON.



ESTOS SON ALGUNOS LIBROS QUE TENEMOS A LA VENTA



EL TIEMPO ES UN PERRO QUE HUELE MAL Y GOLPEA TU PUERTA, ANDRÉS NIEVA

POSTALES, FRANK BÁEZ

TODO EL MUNDO TIENE UN PRIMO EN EL CANAL DE LA MONA, HOMERO PUMAROL

LA FELICIDAD ES UN GORDINI, PABLO GIORDANO

EL FIN DE LA PALABRÍSTICA, MARCELO COHEN

ESTADOS DE EUFORIA, CEFERINO LISBOA

BELL VILLE SENSIBLE, HISTORIETA

HISTORIA DE AMOR, LUCAS TEJERINA

EL CIELO ES PARA LOS ÁNGELES, MARIELA LAUDECINA

POEMAS PIEDRAS, ANDRÉS NIEVA

NAVES DE FUEGO, JOSÉ LUIS COLOMBINI

CANON PERPETUO, MARIO BELLATIN

CUCRITO, ANTOLOGÍA DE POESÍA ARGENTINA

INVISIBLE VANIDAD, LAURA CRESPI